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Widow's Bay: entre la comedia y el horror

La última serie de Apple TV nos dio comedia, eventos surreales, vibes horribles, alma y corazón; todo en una pequeña isla conn personasjes hilarantes.

Por Daniel Matarrita

El concepto de horror comedy puede sonar sencillo, pero balancear sus elementos no tiene la misma facilidad. ¿Qué tantos sustos quiere tener? ¿Quiere ser el nuevo Jordan Peele? ¿O es solo usar la iconografía del horror y moverse con eso? No parece haber fórmulas claras. ¿Qué tan comedy quiere ser? ¿Es querer hacer chistes para risas tímidas o quiere sacarle a la gente una carcajada? ¿O múltiples carcajadas aunque resten la tensión al terror? No está mal hacer una comedia con decoración de Halloween, al final Ghostbusters (1984), Beetlejuice (1988) y The Final Girls (2016) son pelis que amo y a las que vuelvo a cada rato.

Sentir que es 50% horror y 50% comedia no es fácil y una proporción milimétrica tampoco es el objetivo final. The Cabin in the Woods (2011), Evil Dead 2 (1987?) y Us (2019) son algunas de mis favoritas que logran marcas los dos checks sin problema, en las que los chistes o el humor en general es parte de los momentos en una historia de terror y no solo una pausa entre ellos para poder respirar.

Después de todo, si las risas son comunes cuando uno ve una peli de terror en el cine, ¿por qué no combinarlo para que todo sea parte de la misma trama?

Antes de mezclar todo esto magistralmente en Widow’s Bay, Katie Dippold, armó un currículum que nos lleva desde los tiempos de MadTV. Su mayor proyecto fue ser parte del equipo de guionistas para Parks and Recreation, obteniendo este trabajo gracias a un guión de muestra sobre una isla embrujada y el alcalde de esta. El guión se quedó engavetado durante década y media, mientras Dippold trabajaba en un par de reboots de IPs conocidos como Ghostbusters y Haunted Mansion (sí, un par de comedias de terror), época en la wue tuvo un tweet viral que ahora es esencial para entenderla como comediante y amante del terror.

Llegamos al 2026, cuando Apple TV+ apostó por un proyecto que no podría parecerse menos a su mayor hit (Ted Lasso) y que, hasta el momento, es fácilmente la mejor serie del año: Widow’s Bay. Es una comedia con un cast de personajes que va desde lo pintoresco, lo raro y lo completamente hilarante que recuerda los mejores tiempos de Amy Poehler y compañía, es una serie se ve menos un set de NBC y más como The Banshees of Inisherin (2022).

Pero también es una serie que con cada episodio nos va dando su propia versión de monstruos/leyendas/temas icónicos del horror, homenajes a veces más obvios que otros pero muy bien construidos. Una semana va a ser Stephen King, otra va a ser John Carpenter y otra Robert Eggers. Todo esto sumado a la obvia comparación con el pilar enorme que es Twin Peaks para la televisión rara y absurda.

Son más de quince años los que Katie lleva pensando en este mundo, en estos personajes, en querer ir a este lugar y tomarse un café en el diner local. También son quince años de ir adaptando este mundo a lo que ella quería hacer realmente, a sus sensibilidades como artista y a los cambios que ha vivido la televisión desde que ella empezó a trabajar. La serie fue pulida para sentirse menos como una parodia y más como una serie de situaciones con personajes con los pies en la tierra.

Lo interesante es que se puede ver cómo en el paso de ese tiempo fue intentando cosas, aprendiendo y fallando para ver qué funciona y para encontrar el balance perfecto entre terror y comedia para su propio proyecto.

En el reboot de Ghostbusters (2021) que escribió junto a Paul Feig, se nota que estaba enfocada en experimentar cuánto terror se puede empujar en ciertos escenarios (como al inicio de la película), sin dejar de lado el amor que se nota en la comedia entre los personajes principales, la amistad de estas y todo el enfoque de la ciencia, más allá de la acción y el ejército de fantasmas.

Por otro lado, con su reinterpretación de Haunted Mansion (2023) para Disney, se acercó a unir esos dos mundos un poco más de cerca. La proporción seguía con sus problemas: la comedia la mayoría de veces es muy cute y llamaba mucho más la atención a sí misma (culpemos a los chistes marca Marvel). Sin embargo, el terror ya tenía un poco más de creatividad, más tomando en cuenta el estudio y el público al que se estaba enfocando.


El primer episodio de Widow’s Bay pone las cartas sobre la mesa sin complicarse mucho.

La isla volvió a despertar y con ella todos sus misterios, monstruos, leyendas y miedos colectivos. En medio de todo esto, el alcalde Tom Loftis interpretado por el magnífico Matthew Rhys, decide simplemente no creer en todas estas historias y promover el turismo en la isla.

Alrededor de Loftis, conocemos su equipo en la alcaldía, incluyendo a mi nueva mejor amiga Patricia (Kate O’Flynn), al hijo adolescente, Evan (Kingston Rumi Southwick) y a Wyck Crawford, utilizando perfectamente el arquetipo de personaje que alguien como Stephen Root puede interpretar. Pero ese elenco no se queda ahí, porque en serio fue hecho exclusivamente para mi y mis gustos en series.

Aparte de gente que protagonizaron series que amo como The Americans y Barry, tenemos actores y actrices como Kevin Carroll (The Leftovers), Tim Baltz (The Righteous Gemstones), Dale Dickey (Vice Principals), Toby Huss (Halt and Catch Fire), Betty Gilpin (GLOW) y K Callan que ni quiero poner solo un título porque esta mujer está apareciendo en cosas desde 1962, es más fácil que vean su wikipedia.

Un elenco de puros character actors que siempre se roban la escena donde estén siguiendo el estilo y tono de la historia que están contando, crean una combinación nivel Avengers en esta pequeña isla en la costa de Nueva Inglaterra.

Pronto aparecen neblinas malditas, hoteles embrujados y buscar la comedia en una pregunta tal como "¿si un asesino al estilo de Michael Myers se le apareciera a una mujer de 40 años en 2026, cómo reaccionaría realmente?". Con cada episodio, con cada semana que pasaba que me encontraba una y otra vez con estos nuevos personajes a los que les iba agarrando más y más cariño y se me iba confirmando que esto era algo muy especial.

Y aquí es importante mencionar el otro elemento que eleva esta serie a otro nivel: la parte visual. El gran Hiro Murai es el encargado de traer las historias de Widow’s Bay a la vida, el mismo director que ayudó a Donald Glover a que Atlanta no se sintiera más que una comedia genérica y sino como algo que siempre fue descrito como “Twin Peaks con raperos”.

En Widow’s Bay, Murai es director de cinco episodios y productor ejecutivo, usando su poder para traer la precisión y creatividad de Sam Donovan (Severance, Utopia), los tintes de comedia absurda de Andrew DeYoung (Friendship, The Chair Company) y el ojo y la experiencia de un terror más cinemático en Ti West, quien en media hora hizo un mejor trabajo que en varias de sus últimas películas (don’t @ me… o si quieren sí, no voy a retractarme).

Juntando todo esto nos da una serie con sentidos del humor que van desde Coraje El Perro Cobarde, The X Files, Jaws (1975) y comedias como Brooklyn Nine Nine o Veep, comedias que más allá de hacer bits o catchphrases, se enfocan más en la relación de los personajes en este lugar pequeño, una isla con una maldición de hace siglos.

Widow’s Bay tenía uno o dos chistes por episodio que me sacan carcajadas. Y puede ser desde reacciones de nuestro protagonista, líneas tan absurdas dichas en un tono tan serio, situaciones simplemente hilarantes como querer hacerle ride a básicamente La Llorona de este mundo para demostrar un punto, o dedicarle dos minutos de comedia física en uno de los episodios más tensos de la temporada que simplemente debería asegurarle el Emmy a Matthew Rhys.

A veces la misma comedia está en cómo estos personajes, reaccionan a los peligros y terrores de estos escenarios de película como lo haría una persona en la vida real: con pánico y un poco de inteligencia, pero nunca guiñandole el ojo a la cámara como diciéndole “qué estúpido esto, ah?”. Esto no es Deadpool, aquí sí le tenemos respeto a los géneros y las ñoñadas que tratamos.

Aquí los terrores son reales y los peligros para estos personajes también. Momentos como la fiesta de Patricia o revelaciones que van sucediendo en el último episodio, muestran la seriedad con la que se contruyó este mundo.

Lo oscuro, lo tenebroso y esa reverencia hacia esos textos seminales del horror, colocan esta serie como una carta de amor a ese género y como un bastión esperanzador porque hayas series de comedia que sí den risa.

Es una serie escrita con corazón y amor por sus personajes. Esto no em es común, pero puedo decir que amo a todos los personajes principales por igual. La empatía que tiene para un personaje como el de Patricia, las preocupaciones para tratar la historia de Bechir y su esposa y bueno, Ruth… Ya verán a lo que me refiero.

Me gusta cuando un artista que lleva trabajando por años, por fin logra su objetivo, de esos de los que la gente que cree en esto le llama “lo que siempre estuvieron destinados a hacer.”

En palabras de mi editor y casero de esta humilde columna, a Katie Dippold “le tocó la peor batalla cultural de los últimos años” en el lejano (pero ni tanto) 2016 con ese reboot de una de las tantas franquicias que los boomers más recuerdan como texto sagrado. El mundo tal vez no necesitaba un reboot de Ghostbusters, pero tampoco era necesario hacer el drama que eso ocasionó en ese tiempo.

En entrevistas, Katie dice que esas experiencias desagradables, al final, le sirvieron para llegar a este punto. Tal vez esos proyectos de aprendizaje no fueron tan bien recibidos como su trabajo en Parks, pero ayudó a moldear esa idea que simplemente ella -al igual que muchos artistas que conozco, incluyéndome- no podía dejar morir. A veces toma tiempo. A veces van a ser años de desarmar, revisar, rearmar y obsesionarse con ese mundo y no queda más opción que trabajar para que llegue a ver la luz, porque al final siempre habrá raritos que van a pensar que ese chiste de nicho es tan gracioso como lo es para ella.

En su primera temporada, Katie se siente confiada en el tipo de historia que quería contar. La serie nos dio todo: comedia, eventos surreales, vibes horribles, alma y corazón. Me emociona pensar en lo que esta historia y este mundo se puede ir convirtiendo y cómo pueden darle su propio gusto a más personajes, monstruos y leyendas de terror que todavía pueden seguir sacándole provecho.


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What We Do In The Shadows: una de las mejores comedias de los últimos años, tiene formato de sitcom pero con vampiros. Simple y efectivo. También, si el mundo fuera justo, Matt Berry hubiera arrasado con los Emmys por todos los años que duró la serie.

Scream Queens: único proyecto de Ryan Murphy que -de alguna forma y por razones que desconozco- disfruté mucho.

Los Espookys: no tengo el tiempo ni el espacio para hablar de esto ahorita, pero prometo que algún día hablaré del amor que le tengo al trabajo de Julio Torres.

Garth Marenghi’s Darkplace: Serie perfecta. Véanla.

Otras que nunca vi: Santa Clarita’s Diet, Ash vs The Evil Dead, Death Valley y Ghosts.