La banda costarricense Adiós Cometa presenta este viernes su nuevo álbum junto a Asimov y Lentamente. El disco actúa como una carta de intenciones, una fotografía de su momento.
¿Hace cuánto no relaciono la palabra ternura con una banda de rock costarricense? Pienso en canciones como “Kiddy Plane de The Great Wilderness o “V For You” de Las Robertas en las que ambas bandas le ponían una pausa al (buen) escándalo de sus pedales para enfocarse más en las melodías y construir un mood. Nos regalaban ternura en el sonido pero las letras no podían alejarse de eso, eran patadas al ego. Pienso en “Yuri entra al bardo” de Monte en un concierto en medio de Chepe o en cantar las conquistas no son de los que se van durante “Cuevas” y sentir que las lágrimas quieren salir a patadas, asumir las dudas de la vida y ponerlas en calma o perspectiva con una sola frase.
“Ya tus lagos no me reflejan”
Fue al escuchar Un destello de luz de Adiós Cometa que empezaron a surgir estas ideas: Ternura y pichazos, ¿cuándo he vivido esto antes?
La banda costarricense asume este tipo de escenas cinematográficas desde su nombre, que conjura la imagen de un niño que pierde su cometa a los caprichos del viento. Esa misma intención se sintió en su álbum Nuestras manos son incendios (2024), que, de nuevo, desde el título transmitía algo de impotencia ante las circunstancias.
En su nuevo disco, Un destello de luz, la banda saca un poco más los dientes. Hay dolor y penas, claro, por eso es que les seguimos escuchando, pero la banda asume otras heridas y otras fuerzas que nacen desde nosotros, ya no desde la impotencia sino desde una respuesta activa.
A mediados del 2025 soltaron “Candelaria” una canción impetuosa cantada por Mark Murillo que les alejaba del shoegaze y del sonido emo-coro-pop-mexicano que les conocimos en “Diente de león”, por ejemplo. Y ojo, “Diente de león” (cantada por Ema Mora) es de mis canciones favoritas del grupo y que se hayan hecho en CR en los últimos años, pero es inevitable ver cómo el grupo componía hace un tiempo cuando estaban solos en la casa balanceando el peso de vivir y cómo componen ahora que hay legiones de locxs dispuestos a reventarse los dientes en sus conciertos (escuchar 0:54 en “Una vida en otra parte” para entender el momento exacto en el que el chante se va a caer).
“Tengo poco de sentirme así / de verme así”
Adiós Cometa tiene un poder de convocatoria que bandas costarricenses como las mencionadas antes lograron con mucho esfuerzo, pero quizá sin que pasara tanto tiempo desde su debut hasta su consagración. La clave ha sido formar una comunidad alrededor del Sello Furia, que edita los lanzamientos de Adiós Cometa en vinilos y cassettes y que le ha dado protagonismo a otras 20 bandas ticas que hacen de esa música rara que brota cuando estamos solos en la casa.
No me malentiendan: el lado emo de AC no ha desaparecido. Justo después de “Candelaria” el grupo nos receta “Detenerse” en la voz de Jonathan, una pieza que describe una escena romántica o tal vez romantizada de cuando el viento roza suavemente la piel de una persona.
“Me das amor o me das algo”
Después viene el combo de “Quema la memoria” y “Mala memoria”, la primera una de esas joyitas ambient / weightless que a la banda le gusta incluir en sus LPs y la segunda, una experimentación con más piezas para malabarear: los tres vocalistas teniendo su momento, una voz femenina invitada, un saxofón y bueno, uno de los collage de riffs más bravos que nos haya deparado la música de guitarras del Valle Central (escuchar en 1:50).
Tal vez las letras de Adiós Cometa me recuerdan a Monte, TGW y Robertas porque dicen algunas cosas en clave, porque tal vez hay que estar en un chat de Whatsapp con quien las escribió para entender el origen de la historia, o conversar afuera del bar donde tocan el chivo. Esa cercanía, que refleja el tamaño y también la realidad de nuestra escena, nos acercan a estas bandas.
Este world-building o bueno, lore, es valioso para quienes quieren darle sentido a las cosas o irse full fanboy, pero no es necesario para quienes disfrutan del grueso de la música. A veces solo toca escucharlas a solas para ver qué despiertan, cuál luz enciendendentro de cada unx. La magia de Adiós Cometa radica en que la música es como casa cónica, sin puertas ni rejas, un espacio donde la gente puede entrar y hacer su ritual personal.
Adiós Cometa son Jonathan Villalobos, Emanuel Mora, Pablo Matamoros, Gabriel y Mark Murillo. Fotos por Pablo Morúa.
En mi último concierto de Adiós Cometa salí con un ojo morado y aún así las mejores lágrimas me salieron un poco antes, escuchando mis letras favoritas, y finalmente cantándolas con cientos de personas; todo mientras Pablo Matamoros coloreaba cada esquinita de las canciones con golpes firmes y sabios.
Dicho eso, Un destello de luz contiene algunas bolas curvas para quienes esperaban un disco de rock ‘puro’. Lamento informar que si están esperando una nueva encarnación de Robertas o -en un caso más extremo- de AC/DC pues aquí no es. Es inevitable imaginarmelos en el estudio pensando en cómo salirse un poco del script del shoegaze o las canciones más pop del disco anterior. A la vez, remite a lo publicado antes, incluso “reciclando” una que otra melodía (como por ejemplo en “El mundo en mis brazos”, que tiene un fraseo similar a “Los años, pequeños días”).
“Dejo atrás mi voluntad / Me pierdo si paro de buscar / No sé si es así la libertad”
Muchas veces me lamenté que algunas de mis bandas favoritas no grabaran a tiempo o no grabaran del todo algunas de sus ideas más bold (como *esa* canción que Keep the Gap dejó archivada) y por eso celebro que Adiós Cometa haya optado por un proceso más transparente, por decir “queríamos grabar dos canciones y terminamos grabando 9”. Es un excelente número, una duración justa de 35 minutos y nos regalan un disco delicioso de escuchar de principio a fin, visitando los distintos parajes de la vida cotidiana que un cometa perdido puede haber visitado.
Celebro también el modelo colaborativo que aplican al crear: no solo cantan ellos tres -según la intención-, sino que siempre hay espacio para un tercer guitarrista (Gabriel Piedra) o para poner en el spotlight a bandas afines como las ticas de A Su Ladera, Encarta 98 (Colombia) y las Fin del Mundo (Argentina).
Y por eso celebro que hayan hecho este disco (y sus ediciones hermosas en vinilo) porque reflejan muy bien lo que son en este momento y lo que quieren en sus vidas: ternura y pichazos; abrazos al cora y, de vez en cuando, ojos morados.
Adiós Cometa presentará en concierto su disco ‘Un destello de luz’ el 27 de febrero en el bar Oasis, en San Pedro, junto a las bandas Lentamente de Costa Rica y Asimov de Guatemala, en su primera presentación acá. Las entradas se pueden comprar en Tiquete Box. Escuchan el disco en su plataforma favorita o por aquí.