La película que convocó a cientos de personas en el CRFIC promete con sus más llenazos en su estreno nacional el 24 de setiembre. Nitay nos cuenta por qué salir a verla.
El pasado 30 de julio esperé durante dos horas y media para ver Si no ardemos, cómo iluminar la noche, primer largometraje de Kim Torres. Fui la primera persona en formarse, y en ese tiempo —más extenso que la misma película— presencié cómo la fila se extendía progresivamente hasta dar la vuelta a la esquina y perderla de vista. La sala principal del Cine Magaly en San José se llenó 550 personas llenaron y otras 300 se quedaron por fuera, confirmando a esta ópera prima como una de las películas más esperadas del CRFIC.
La fila, para mí, comenzó tres ediciones atrás. Por allá de octubre del 2023, en mi primer festival de cine, pude ver su corto Luz nocturna (2022). Desde ese día me fascinó la desenvoltura de la directora en su propio lenguaje: la mirada infantil en el centro de mundos vastos, la suavidad de los colores y del ritmo, los misterios que la naturaleza susurra, la cercanía a lo invisible. Me quedó claro que su trabajo era algo a lo cual seguirle la pista, y en siguientes ediciones ví Solo la luna comprenderá (2023) y Soñé con un paisaje (2025). Estos dos increíbles cortometrajes me terminaron de confirmar a Kim Torres como una de las voces más especiales en el cine de Costa Rica.
Por fin Si no ardemos, cómo iluminar la noche llegó, y si aún no han tenido chance de verla o quieren experimentarla una vez más, traigo buenas noticias: se estrena en salas ticas el 24 de setiembre.
Les dejo tres razones para irla a ver.
Laura y Gaby
El dúo de Laura y Gaby le da vida a la película. La historia avanza conforme al desarrollo de su relación como hermanas. Sin embargo, esta complicidad toma su tiempo en arrancar. En las primeras escenas Laura apenas habla, y si lo hace, es para expresar su descontento. Acaba de mudarse desde San José a Puntarenas junto a su hermano y su mamá (los únicos vínculos a su anterior vida), quienes no parecen entender su silencio. Ahora compartirán con Bruno, la nueva pareja de su mamá, y su única hija Gaby. En la cotidianidad de un cuarto ahora compartido, las dos comienzan a familiarizarse.
A pesar de ser menor, Gaby parece entender perfectamente el hermetismo adolescente de su hermanastra y sabe también cómo atravesarlo. En lugar de intentarlo a la fuerza, recurre a la paciencia y a un acompañamiento silencioso pero incondicional. Gaby le presta a Laura su mirada infantil y con esta renovada curiosidad pronto comienzan a explorar el pueblo. Por medio de esta complicidad se comienza a resignificar un espacio que anteriormente parecía no tener nada que ofrecer. Juntas recorren toda clase de espacios y conocen toda clase de personas: a Charlie en la fotocopiadora, a Daniela en el club de fútbol, a Gloria en un rezo para una vecina que murió asesinada. Todos estos personajes contribuyen de distintas formas a envolver El Silencio en profundo misterio.
El Silencio
El pueblo donde las niñas juegan es un lugar ambivalente. Durante toda la película podemos sentir el tenso enfrentamiento de fuerzas abstractas. La naturaleza parece ser refugio para Laura, Gaby y su nueva amiga Daniela; en ella juegan, buscan tesoros, se confían secretos, respiran y crecen. Este elemento le otorga una rica dimensión sensorial a la película; gracias a tomas largas de la vida circundante y un diseño sonoro atento, la inmersión es total. Al envolvernos de forma tan efectiva en la atmósfera de nuestras personajes, es más fácil comprender en silencio sus miradas, sus respiraciones y sus formas de caminar.
Sin embargo, la vastedad de la selva germina cierta inquietud. Esta sensación se acentúa con tomas de las plantaciones de palma africana, la cual se yergue ominosa por encima del bosque. Como todos los monocultivos que han irrumpido en nuestro país, la palma ha alterado el paisaje de forma abrupta. Este brusco contraste hace sentir que algo no está bien. Y este malestar, aparte de visual, tiene también implicaciones sociales. Si bien no queda explícito en la mirada de las protagonistas, podemos intuir que este cultivo y otro malestar igual de asfixiante atraviesa y disrumpe la vida del pueblo. La cultura patriarcal permea de forma opresiva en cada espacio y sus habitantes parecen no poder ponerlo en palabras. Esto se muestra perfectamente en una escena donde Laura y Daniela se escapan a un bar. La situación se torna peligrosa rápidamente cuando un hombre borracho insiste en acercarse a Daniela y Gloria (la señora amiga que conocen en el rezo) se percata de la situación y, sin decir una sola palabra, intercede. Luego de desescalar la situación pide un taxi para todas. El regreso a casa transcurre en completo silencio. No necesitan hablar entre ellas para entender lo que sienten; sin embargo, para poner de manifiesto esta realidad dolorosa, tampoco encuentran palabras directas.
El Monstruo
La única forma en que la violencia patriarcal logra ponerse en palabras es por medio de la fábula. “Se la llevó un monstruo con pelo morado y siempre mojado. Dicen que quién lo ve, nunca podrá volver a dormir.” Esta es la respuesta de Gaby cuando Laura, después del rezo, intenta averiguar qué le sucedió a su vecina. Lo que al inicio parece otro producto de la inagotable imaginación de Gaby, poco a poco se materializa hasta convertirse en una realidad profundamente dolorosa.
El monstruo se inserta en la historia gradualmente hasta el punto de cambiarla por completo. Sus apariciones hacen que el coming of age repleto de ternura y sensibilidad de la primera mitad del filme parezca sumamente lejano, como si hubiese sido una vida distinta. Por un tiempo, la cinta nos permite habitar un mundo hermoso que luego se volverá inaccesible. Pone en imágenes un paso de la niñez a la adultez prematuro y desgarrador.
En una noche lluviosa, el cambio se ve reflejado en nuestras protagonistas. Para Gaby se cumple la leyenda: nunca más podrá volver a tener una noche de sueño tranquilo. Se pierden sus palabras y su mirada. La ficción con la que racionalizó una realidad incomprensible a su inocencia no pudo contenerse más a sí misma. El colapso del cuento es también evidente para Laura. Su intento de construir un mundo nuevo le fue arrebatado por una realidad que antes solo podía concebir en la ficción. En uno de mis planos favoritos de toda la película -después de un evento transformador- Laura ve fijamente unas palmas secas. Este momento de contemplación invita a la audiencia a unirse. La búsqueda del tesoro llevó a encontrar una verdad que rompe ver de cerca: el monstruo es otro ser humano, y como este hay miles.
Ficha técnica
Dirección: Kim Torres
Guión: Kim Torres y Luisa Mora Fernández
Producción: Alejandra Vargas Carballo / Noche Negra Producciones
Duración: 88 minutos
Dirección de fotografía: Mel Nocetti
Edición: Nicole Chi Amén y Omar Guzmán
Diseño de producción: Mauricio Esquivel
Diseño sonoro: Thomas Becka
Composición: Delphine Malaussena
Elenco: Lara Yuja Mora (Laura), Keylin Delgado Arguedas (Daniela), Valentina Chaves Jimenez (Gaby), Michelle Jones (Marisol), Teresa Sánchez (Gloria).