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Chupeta Electrónica: Espacios nuestros, cueste lo que cueste

Isa nos cuesta sobre su obsesión por organizar eventos y la importancia de mantener los espacios queer vivos en San José.

Por Isa

A los 22 años empecé a organizar fiestas con amigues. Era y sigue siendo liberador crear un espacio desde cero, de alguna manera, es como construir y decorar un set en el que puede pasar lo que sea en las próximas horas. Y aunque la parte de desinhibirse es crucial y el espacio existe para permitirle a la gente hacer lo que quiera (con consentimiento siempre), mi parte favorita y la razón por la que lo sigo haciendo aunque sea cansado, tome meses y muchas veces ni siquiera sea rentable, es la obsesión que puedo permitirme para publicitar, editar, decorar y curar el espacio.

El otro día caminé desde Casa Félix —donde escuché un set de Iza Tkm que espero nunca olvidar— hacía Lunix con amigues, y les hablaba sobre la diferencia que siento entre un espacio al otro. Cuando bajo las escaleras estrechas de Lunix y veo a más de 50 queers sudades bailando y veo a mis girlies y monarcas de confianza haciendo popper o apretando en completa oscuridad, se siente como estar en casa. No importa el olor a guardado ni el calor genuinamente insoportable de ese sótano, en ese ambiente todo el estrés de mi semana se esfuma completamente. Escenas como ésas, son por las que vivo y respiro.

Ese sentimiento de querer pertenecer a alguna parte lo vengo persiguiendo desde que tengo memoria. Cuando tenía 9, lloraba con mis hermanas porque me sentía solo en la escuela. En mi adolescencia e inicios de mi adultez, la historia no era muy diferente. Un día hablando por Discord con Dani Argüello se nos ocurrió organizar un evento por primera vez y se me abrió el mundo. Flash-forward a años después, de alguna forma estas fiestas se han convertido más en proyectos para mí, aunque me desgasten y enfermen del estrés; cada uno han sido mi manera de perderle el miedo a tanto que no puedo siquiera explicarlo.

Desde finales de abril y durante todo este mes, mi tiempo libre se ha ido en editar fotos y video, pintar ropa (medias, tops y camisas) y buscar props en ferreterías y pasamanerías de San José para el evento de este viernes 29, Chupeta Electrónica. Desde el año pasado tenía claro que quería hacer y/o comisionar ropa que pudiera usar en producciones (vídeos y fotos) que luego estarían en display en la fiesta. El jueves, un día antes de la fiesta, todavía estoy terminando de aerografiar ropa que quiero tener ese día disponible. En la tarde veo a Alma, amiga parte del line-up de DJs para pintarle unas medias que va a usar el viernes, inspiradas en la temática robótica e implícitamente sexual de la fiesta.

Para ser honesto, organizar eventos es solo una excusa para soñar despierto un par de meses sobre todas las posibilidades dentro de mi alcance y poco presupuesto para luego correr un par de semanas y sacar entre muches amigues; video, fotos, ropa, props, dibujos, diseños, flyers, maquillaje, stickers, etc. A veces este proceso pasa hasta con dos fiestas diferentes a la vez. Y aunque sea algo que me hace sentir feliz, absurdamente inspirado e incluso útil, me desgasta emocionalmente como nada más. Le atribuyo tanto valor emocional y obsesión a todo lo que hago que, aunque me sea difícil concebir una realidad donde no sea así, aprendí que tengo que encontrar una manera de desapegarme y restarle mucha importancia. Una gran parte de la obsesión con la que navego mi día a día se tiene que ir.

También me cuestiono la trascendencia o utilidad real de todo el brete que va detrás de esto. He hablado con amigos con los que co-produzco eventos (R4W, Ruide, KBomb) sobre lo necesario que es crear estos espacios. Pienso en lo banal que es seguir haciendo esto con nuestro país yéndose a la mierda día a día. Entre el alza de la criminalidad y la corriente conservadora y populista que está envenenando, matando y empobreciendo a nuestro país, se siente absurdo hiperfijarme con esto.

Esta semana despierto, pienso en Chupeta Electrónica™ todo el día y me voy a dormir. Más allá de la hiperfijación total, estoy overworked, con gripe y en mi mente flota constantemente el sentimiento de nadar contra marea. Y aún así, siempre que pueda, lo voy a hacer. Tanto para las personas que quieren mantener los espacios queer vivos como para mí.

Aunque nos quiten todos los espacios siempre vamos a encontrar o crear un nuevo búnker del que podemos entrar a bailar un rato y salir a la calle a fumarnos algo. Y mae, lo necesitamos como nunca. Si tenemos que bailar en las aceras, en las vías del tren o tirar una fiesta en un edificio abandonado (por favor let's <3), lo vamos a hacer. Para citar a Carlox, que nunca nos falte el molote.

El viernes de Chupeta cuando me tome una o dos Pilsen™ a corcor para calmar un poco una ansiedad que lleva existiendo meses y suene “B.S.A.S (Si Alguna Vez Te Sentís Sola de Noche)” de EQ, el álbum de Ninajirachi completo o el remix guaracha de "Alice Practice" de Crystal Castles (que encontré hace unos días a las 3 a.m. cuando no podía dormir) con amigues a la par, los visuales increíbles de Cianca atrás y 50+ queers nuevamente, haciendo popper y apretando en completa oscuridad en cada esquina de El Steinvorth, una vez más voy a recordar porque vale la pena que estos espacios existan, cueste lo que cueste.