En su quinto álbum de estudio, el quinteto mexicano procesa los duelos y las ausencias en un disco que reúne la nostalgia y la tensión que me hizo enamorarme de su sonido en un principio.
Austin TV es de esas bandas que uno ve una foto y no se puede imaginar la música, o mínimo se pregunta, ¿a qué putas sonarán esos maes? Definitivamente hay más gente más talentosa y más creativa que yo que sí se puede imaginar la música a partir del look, pero yo no. Por algún motivo neuro yo asocio música con música y la estética con la estética.
Cuando en el 2007 estos mexicanos se vestían como retazos del bosque que decidieron levantar instrumentos y hacer música me pareció curioso, pues no me esperabalas melodías nostálgicas y la fuerza aplanadora que trajeron a la mesa con Fontana Bella. Mucho menos con ese nombre. Fontana Bella sonaba como pueblito de ensueño en Italia y no a un bosque de mágico ni mucho menos al DFectuoso. Pero de ahí son. Eran los maecitos que llevaban un discman al tianguis de El Chopo y le ponían un par de canciones a la gente en sus audífonos y, si lograban convencerlos, vendían un CD. Así se ganaros sus primeros fans, regalando confort en medio de un encuentro fortuito, en un mundo pre-redes sociales.
Hoy el mundo los conoce como una de las bandas instrumentales más importantes de Latinoamérica (e incluyo en LATAM a Estados Unidos a Canadá, idgaf).
Aún con más de dos décadas de carrera a cuestas, el día en que se publicó su sesión en KEXP, muchos gringos (e incluyo a los canadienses y europeos necios en esa definición de gringos) señalaron que estaban “copiando” a Angine de Poitrine, unos quebecois que todavía no termino de entender si me gustan o no y cuyo nombre realmente no puedo pronunciar.
Y los señalamientos de la copia era por sus vestimentas, es decir, lo más sagrado de Austin TV, el detalle que siempre ha marcado sus épocas. Y digo lo más sagrado porque los trajes y máscaras del grupo son parte de su filosofía: “no importa tu cara, importas tú”. Ninguna de las dos bandas es la primera en disfrazarse para tocar, creo que eso debió terminar cualquier polémica antes que tomara fuerza.
Pasando la página del drama de internet, lo que noté de inmediato en esta sesión de KEXP fueron las nuevas máscaras y los nuevos trajes. Por primera vez la estética me informó de lo que pasaba en la música.
No estaban vestidos de hombres hojas. No estaban vestidos de Caballeros del Albedrío con pasamontañas amarillos, como cuando los pude entrevistar en el 2011. Sino que hoy salían hilos de sus ojos, fibras de colores que, por supuesto, representaban lágrimas.
Aproveché un día que me estaba alistando para salir para poner la sesión, porque la música de ellos siempre ha sido una voz de compañía dulce en la soledad y para navegar esos miedos de “¿qué putas irá a pasar hoy cuando salga de mi casa?”.
Para mi sorpresa, todo este disco nuevo trata sobre mis dos cosas menos favoritas: Los vacíos que las personas dejan y la mortalidad de las mamás.
En la entrevista con la reinona Albina Cabrera, explicaron que Ma, aparte de ser un término universalmente reconocido en Latinoamérica para las madres, es en el oriente una expresión de vacío. De algo que ya no queda.
La música del disco anterior, Rizoma (2023), me gustó. Incorporaron súper bien los xilófonos (y le ganaron la vuelta a toe utilizando ese instrumento). Pero al final de cuentas era un disco música instrumental de una banda tratando de encontrarse a sí misma después de haber estado separada por años. Se sentía como un calentamiento, un ejercicio creativo para empezar la mañana. MA se siente más como crónica de los altibajos de múltiples sesiones de terapia.
MA es un disco atravesado por el duelo, por la muerte de las madres de dos de los dos integrantes, donde las frases sueltas ya no son samples de películas como hacían en sus inicios, sino las voces de amigos de otras bandas como Unperro Andaluz quienes se apuntan a decir lo que los integrantes de ATV prefieren expresar solo en la intimidad de sus conciertos o mesas de amigos (los cual tratan con el mismo cariño).
Donde sí hay un “sample” es en la canción “Ma” que cierra con una nota de voz de la mamá de Názari, guitarrista, diciéndole a su hijo que le ama, un momento que podría parecer chantaje emocional barato en cualquier otro contexto, pero que aquí nos permite escuchar sin filtros como dos personas se expresan cariño. Es un retazo de una cotidianeidad que, quien grabó la nota, no podrá experimentar nunca más.
Para mí fue un golpe inesperado, un gancho al estómago, porque me planteó mis propias preguntas. ¿Me acuerdo de cómo era la voz de mi mamá? Me acuerdo de cómo me regañaba con todas las cuerdas vocales, diciendo mi nombre completo. Pero, ¿cómo era realmente su timbre cuando me pedía que le trajera el azúcar para el café? Me acuerdo de la vez que cantó “Amor eterno” en karaoke. Me acuerdo de que susurraba cuando contaba chistes pasados. Pero no me acuerdo de cómo era su voz cuando me preguntaba cómo me había ido en la escuela. Y ella rara vez me decía buenos días, fue de grande que aprendí que la gente hacía eso en sus casas. No me acuerdo de su voz cuando me preguntaba lo que iba a hacer hoy o con quién iba a salir a jugar. La conclusión es obvia y lo digo sin victimismo: no me acuerdo de su voz y me duele mucho no poder, especialmente yo que me acuerdo del sonido de las guitarras de múltiples canciones. No me acuerdo de su voz.
Quizá por eso estoy escribiendo este texto dictándolo al celular. Quizá por eso desde hace unos años cuando me han invitado a dar charlas me grabo y conservo algunos audios en una carpeta. Porque no solo me gusta escuchar lo mucho que ha avanzado mi dicción, escuchar la madurez de la voz o para tratar de adivinar qué tan nervioso estaba ese día. Sino porque, en el fondo, tenía la esperanza de que algún día alguien necesitara escuchar mi voz, como ahora lo pide mi hija todos los días. Ojalá poder ser confort a la distancia.
En KEXP, el quinteto explica que en su proceso priorizaron sentarse a tomar café y conversar antes de componer. Con Chiosan viviendo en otro país y las muertes alcanzándolos en medio de las grabaciones, la creación de su quinto álbum empezó a mutar en un grupo de apoyo, en una excusa para verse a los ojos y decir “no estoy bien”. Se siente en piezas como “Kokoro”, que es una propuesta delicada, como cuando se intenta preguntar algo difícil a un amigo; momentos de tensión y un final que llena de esperanza. “Boonme” está mucho más cargada de tensión y texturas catárticas. En esta última (que espero que su título sea una referencia a la peli Uncle Boonme) hay un diálogo que se atraviesa antes de un clímax digno de Explosions in the Sky. Good shit.
La canción “Ma” es la que obviamente viene más cargada emocionalmente y tiene la frase que resume el manifiesto del disco: “¿Realmente todo tiene que estar lleno para sentirse completo?”. La primera vez que escuché este single sentí un montón de cosas que no había sentido desde que escuché “Les choses sont bizarres” o “Nadie esta aquí, no hay nadie aquí, nada hay aquí”, dos de mis canciones favoritas de Austin TV.
Ellos tienen una capacidad para enternecer, para presionar exactamente donde duele, pero también de deslumbrar con la capacidad creativa de cada instrumento. Hay, sin duda, seres humanos detrás de cada instrumento y cada uno está en el pocket dando el confort que Austin TV sabe dar desde antes que las disqueras volvieran a verles.
“La ilusión del tacto”, trae poesía desde el título, pero las frases incluidas no las voy a transcribir acá para no arruinar la experiencia. Esas frases son una excusa para subirle al volumen un poco más y dejarse llevar “gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”, como me enseñó a rezar mi mamá.
Hablando de títulos, solo ellos saben qué demonios significan títulos de canciones como “171 (∅ ⊆ A)”, o “Yecta”. Y quizá lo expliquen en otras entrevistas, pero por el momento quisiera pasar más tiempo en compañía de este disco y sacar conclusiones propias.
Lo que sí sé es que me urge ver MA en vivo. Ojalá sea pronto.